
Revista multidisciplinaria
investigación Contemporánea ISSN-e: 2960-8015Vol. 4 -No. 2
DOI: https://doi.org/10.58995/redlic.rmic.v4.n2.a189 133 - 147
Ruiz et al. Colecho desde la dimensión psicoanalítica: una propuesta epistemológica
04 - 2026
sobre la construcción del sujeto que se da
por etapas, pues es un proceso de desa-
rrollo que va desde el nacimiento (e inclu-
so desde antes de este), hasta el nal de
la adolescencia, donde culminaría con la
consolidación de la personalidad del suje-
to adulto. El proceso de desarrollo infantil
está conformado por diversos momentos
estructurantes, entendidos como puntos
de corte, o de no retorno, donde se alcan-
zan o no, ciertas habilidades psicoemocio-
nales que le ayudarán al infante a afrontar
mejor las presiones, angustias y retos que
se presentan en el mundo externo, estos
momentos estructurantes, en los cuales el
niño desarrolla habilidades psicoemocio-
nales, están determinados por una corre-
lación en la madurez del sistema nervioso
central.
Las neurociencias permiten entender
cómo las emociones están vinculadas a la
estimulación del entorno, particularmen-
te los afectos que el niño recibe a través de
los procesos de neuroplasticidad crean un
tipo de psicoformación en las redes neu-
ronales, las cuales son el correlato orgáni-
co y funcional de la expresión emocional
observable en el entorno. Por su parte los
autores del psicoanálisis como Rene Spitz,
John Bowlby, Donald Winnicott, Françoise
Dolto, Sigmund Freud, Wilfred Bion en-
tre otros, explican desde sus distintas teo-
rías, cómo inuyen las interacciones entre
los cuidadores primarios y el niño, de tal
forma que podemos entender, cómo, en
la medida que los padres depositen una
adecuada carga de libido mediante el vín-
culo afectivo, se irá moldeando el compor-
tamiento emocional del niño.
La forma de libidinizar al niño, la ma-
nera en como se depositan los afectos ma-
ternos y paternos en el vínculo afectivo a
través de las distintas formas de aproxi-
mación afectiva entre la madre, el padre
y su hijo (los abrazos, besos, caricias, pala-
bras, sonidos, pensamientos y deseos que
se depositan conscientes e inconscientes
sobre el bebé), van estimulando los sen-
tidos, y van reduciendo los niveles de an-
gustia y de ansiedad. Cuando el manejo
del bebé (holding y handling) es adecuado,
los niveles de ansiedad y de angustia, dis-
minuyen, el niño se siente seguro y pro-
tegido por sus cuidadores, los niveles de
oxitocina aumentan y los niveles de cor-
tisol disminuyen (Reguera Nieto, 2014).
En contra parte, si el niño sufre, de dema-
siada frustración, ausencia de afecto y de
la presencia de los cuidadores primarios,
sabemos que aumentan los niveles de cor-
tisol, el niño entonces no logra contener la
ansiedad y los sentimientos de angustia.
La capacidad del niño para tolerar la
frustración estaría relacionada directa-
mente con la capacidad psicoafectiva del
niño para tolerar la ausencia de los pa-
dres y poder esperar los momentos de
graticación. Una relación vincular ade-
cuadamente afectiva entre los padres y
el niño, favorece la formación de una es-
tructura Yoica que sea lo sucientemente
fuerte como para aguantar los momentos
de frustración. Por el contrario, cuando
los padres no han sido lo sucientemen-
te presentes, no han logrado en palabras
de Bion (1963), metabolizar los objetos
Beta en objetos Alfa, el niño sufriría de
angustia, esta puede variar en intensidad,
dependerá de qué tan seguro se siente el
niño de la constancia objetal, del amor de
sus padres y de su protección, la capaci-
dad que tenga para tolerar su ausencia y
por ende para tolerar la frustración.
Por lo tanto, se debe tomar en cuenta la
importancia de los cortes simbólicos (cas-
traciones simbologénicas). El desarrollo